¿Sos el dueño de tu negocio o el empleado con más estrés? El arte de decidir
Sentís que el peso de la empresa recae siempre sobre tus hombros y, aunque tenés argumentos claros sobre por qué el crecimiento parece detenido, el agotamiento no cede. A menudo, esa sensación de estancamiento nace de un mecanismo biológico: buscamos explicaciones tranquilizadoras para calmar el estrés, pero terminamos postergando las decisiones que realmente nos darían libertad. En este artículo, exploramos cómo aliviar esa carga mental y recuperar tu rol de decisor para que tu negocio deje de ser una fuente de rumiación y empiece a funcionar gracias al sistema que hoy podés empezar a liderar.
Ezequiel Corte
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Seguro te pasó. Estás en una reunión con colegas o quizás solo frente a tu planilla de Excel, y empezás a enumerar las razones por las que las cosas no avanzan como deberían. El mercado está difícil, la presión impositiva te ahoga, el contexto del país no ayuda o simplemente "no es el momento" para ese cambio que tenés en mente.
Parecen argumentos sólidos, ¿no? Pero hay una verdad incómoda detrás de ese relato: muchas veces, lo que llamamos "análisis" es en realidad un conjunto de explicaciones tranquilizadoras.
En este artículo, te propongo que revisemos esa línea delgada que separa a los líderes que hacen crecer sus organizaciones de aquellos que se quedan atrapados en el laberinto de sus propias justificaciones.
La trampa de tener "siempre la razón"
Existe una distinción fundamental en el mundo de los negocios que define tu techo de crecimiento. Por un lado, están los que deciden dar explicaciones; por otro, los que deciden actuar.
Los que deciden dar explicaciones suelen tener argumentos impecables. Explican por qué el cliente no compra o por qué el equipo no rinde. El riesgo es que, al tener siempre la razón, perdés tu poder de transformación. Como bien dice esa frase que comparto a menudo: un empresario sin capacidad de decisión no es más que el empleado más estresado y caro de la empresa.
Biología del refugio: ¿Por qué buscamos explicaciones?
No es falta de voluntad; es pura biología. Tu cerebro ama la previsibilidad y detesta la incertidumbre. Cuando te enfrentás a una decisión difícil sin garantías, tu amígdala —el detector interno de peligro— se activa.
Esta reactividad frente al miedo dispara el cortisol, la hormona del estrés, nublando tu capacidad analítica. Para calmar esa "alarma biológica", la mente busca refugio en las explicaciones tranquilizadoras. Al encontrar una "razón" externa (el mercado, el gobierno, el clima), el cerebro siente que recupera algo de control y baja la tensión momentáneamente. Sin embargo, ese alivio es ficticio: te tranquiliza, pero te mantiene estancado.
¿Estás analizando o estás evitando la incomodidad?
A veces creemos que pensar mucho nos hace más inteligentes. Pero decidir actuar implica aceptar que no tenés todas las respuestas.
¿Te identificás con alguna de estas situaciones?
Querés más ventas, pero te refugiás en explicaciones sobre el consumo actual para no subir los precios.
Querés escalar, pero te decís que "no hay talento disponible" para evitar la decisión de delegar.
Querés libertad, pero te aferrás al control operativo porque tu cerebro lee soltar como una amenaza.
El mercado no premia al que tiene las explicaciones más coherentes; premia al que decide antes y aprende más rápido.
De "Explicador" a "Decisor": Tu Plan de Acción
Si sentís que tu negocio está estancado, lo más probable es que no te falte información, sino la resolución para avanzar sobre lo incierto.
Detectá tu "historia tranquilizadora": ¿Qué explicación usás para bajar tu cortisol cada vez que pensás en ese cambio pendiente? Reconocé que es un mecanismo de defensa, no una verdad absoluta.
Avanzá incluso sin tener toda la información: No esperes el "semáforo en verde" total. El crecimiento llega cuando decidís a pesar de la duda. Las estructuras sólidas se construyen bajo el concepto de agilidad y de Producto Mínimo Viable. Las decisiones se corrigen sobre la marcha, no con análisis infinitos.
Poné fecha de vencimiento al silencio: Si tenés una decisión pendiente, poné un plazo. Recordá que la empresa no se destruye por una mala decisión (que tiene remedio); se destruye lentamente por la no decisión.
¿Qué decisión importante estás postergando para "cuando las cosas mejoren"? Te leo en los comentarios.
Si sentís que el miedo o la rumiación mental te tienen trabado para escalar tu empresa y querés que el sistema trabaje para vos, escribime. Podemos diseñar juntos ese camino de transformación.