“Yo lo hago mejor y más rápido”: el costo oculto de no delegar

Una de las trampas más comunes y peligrosas para dueños de PyMEs y líderes de equipo es la creencia de que la autosuficiencia es el camino a la eficiencia. A través de una mirada crítica y orientada al management estratégico, exploremos cómo el "hacerlo uno mismo" para ganar tiempo termina convirtiéndose en un techo de cristal que frena el crecimiento del negocio, desmotiva a los equipos y agota al líder.

Ezequiel Corte

7/24/20253 min read

¿Te suena familiar? Son las 7 de la tarde, la oficina empieza a quedar en silencio, pero vos seguís frente a la pantalla, rematando una presentación, ajustando un informe o respondiendo un correo que “solo vos podías resolver”. En tu mente, una justificación resuena con fuerza: “Lo hago yo, que es más rápido y queda mejor”.

Esta frase, que a menudo se disfraza de compromiso y excelencia, es en realidad una de las trampas más peligrosas para un líder. Es un atajo que, a largo plazo, no solo agota tus energías, sino que frena el crecimiento de tu equipo y de tu organización.
Creer que sos la única persona capaz de ejecutar una tarea con el estándar adecuado no es una señal de que sos indispensable, sino un síntoma de un cuello de botella. Y, si ese es el caso, quizás sea un buen momento para enfrentar una verdad incómoda: ese cuello de botella sos vos.

Los costos invisibles de ser el héroe

Cuando te aferrás a las tareas por el impulso de hacerlas “mejor y más rápido”, estás pagando un precio muy alto en tres frentes:

  1. Costo personal: el camino directo al burnout. Al asumir más de lo que te corresponde, te condenás a jornadas interminables y a un estado de alerta constante. Peor aún, te quedás atrapado en lo operativo, sacrificando el tiempo que deberías dedicar a la estrategia, la visión y la planificación, que son las tareas que realmente generan valor desde tu rol.

  2. Costo para el equipo: desmotivación y estancamiento. Cada vez que le quitás una tarea a alguien o decidís no asignársela, el mensaje implícito es claro: “No confío en tu capacidad”. Esto no solo erosiona la moral y la proactividad del equipo, sino que les negás la oportunidad de aprender, desarrollarse y asumir nuevos desafíos. Un equipo que no crece es un equipo que, eventualmente, se va.

  3. Costo para el negocio: límite al crecimiento. Una organización no puede escalar más allá de la capacidad de su líder. Si cada decisión importante o tarea crítica debe pasar por tus manos, le pusiste un techo al potencial de tu empresa. La dependencia en una sola persona es un riesgo enorme y el principal obstáculo para la agilidad y la expansión.

Desmontando el mito: ¿es realmente “mejor y más rápido”?

Analicemos la frase con honestidad:

  • “Lo hago mejor”: ¿Es objetivamente mejor o simplemente está hecho a tu manera? A menudo, confundimos nuestro estilo personal con el único estándar de calidad válido. Al no delegar, renunciamos a la posibilidad de que alguien encuentre una forma distinta, y quizás más innovadora, de lograr el mismo resultado. Invertir en que alguien aprenda a hacerlo es invertir en fortalecer la capacidad de tu equipo.

  • “Lo hago más rápido”: Esta es una verdad a corto plazo, pero una falacia a largo plazo. Sí, la primera vez te tomará más tiempo explicar la tarea que hacerla vos mismo. Supongamos que te toma una hora capacitar a un colaborador para una tarea que a vos te lleva 15 minutos diarios. A partir del quinto día, no solo habrás recuperado tu inversión de tiempo, sino que habrás liberado 15 minutos de tu agenda para siempre. La delegación no es un gasto de tiempo, es una inversión en capacidad futura.

Cómo empezar a delegar, aunque te sientas incómodo

Delegar eficazmente es una habilidad que se entrena. No se trata de “soltar y olvidar”, sino de empoderar con inteligencia.

  1. Definí el “qué” y el “porqué”, no el “cómo”. Comunicá con claridad el resultado esperado, los estándares de calidad y el propósito de la tarea. Pero permití que la persona encuentre su propia manera de llegar a la meta. Esto fomenta la autonomía y el pensamiento crítico.

  2. Aceptá la regla del 80%. Si un miembro de tu equipo puede realizar una tarea alcanzando un 80% de su nivel de pericia, delegala sin dudar. Ese 20% de diferencia es el pequeño precio a pagar por tu libertad para enfocarte en tareas de un valor 100% estratégico que solo vos podés hacer.

  3. Empezá con tareas de bajo riesgo. No es necesario que delegues el proyecto más crítico de la empresa para empezar. Elegí tareas repetitivas o procesos estructurados. Cada delegación exitosa construirá tu confianza y la de tu equipo.

Dejar de ser el “hacedor principal” para convertirte en un “multiplicador de talento” es el verdadero salto de un gestor a un líder. La próxima vez que te sientas tentado a decir “lo hago yo”, detenete y preguntate:

¿Qué es lo que realmente estoy protegiendo?

¿Mi estándar de calidad o mi zona de confort?

La respuesta a esa pregunta puede cambiar no solo tu día, sino el futuro de tu liderazgo.

Y vos, ¿cuál es esa tarea que te cuesta soltar y por qué crees que te pasa?

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